Por:
Sofía Tamara Reinoso Yunga
Estudiante 6to ¨A¨
Por:
Sofía Tamara Reinoso Yunga
Estudiante 6to ¨A¨
Por:
Sofia Valentina Jimbo Bacuilima
Estudiante 6to ¨A¨
Por:
Pamela del Rocío Nieto Moreno
Estudiante
6to ¨A¨
Por:
Danna Sofia López Sánchez
Estudiante
6to ¨A¨
Por:
Mgst. Jessica Paola Maxi Zhunio
Docente
tutora 6to ¨A¨
Durante mucho tiempo, las palabras y la creatividad se vieron como elementos separados. Sin embargo, con el paso del tiempo, hemos comprendido la importancia de la creatividad para aprender, conocer y transmitir sentimientos, emociones e información a otras personas de una manera más llamativa e innovadora.
En el campo educativo, cada actividad propuesta es una oportunidad para que nuestros estudiantes exploren sus capacidades y habilidades, demostrando que, gracias a su creatividad, pueden descubrir nuevas formas de aprender.
Es así como las retahílas se convierten en un espacio formativo y lúdico en el que la imaginación, el ritmo y las palabras se unen para fortalecer la expresión oral y escrita. De este modo, los estudiantes desarrollan sus habilidades comunicativas con mayor seguridad y confianza, al mismo tiempo que enriquecen su vocabulario.
Porque la educación no es solo transmitir conocimientos, sino también ayudar a nuestros estudiantes a descubrir sus talentos y abrir nuevos espacios para su desarrollo personal.
Por: Keyla Guaillas
Estudiante Primero Técnico
Qué raro fue este regreso a clases. ¿Y no sienten que este año está pasando súper rápido? Es como tipo: "¡Wow, ya vamos un mes!". Pero, en fin, aunque bueno, nada fuera de lo normal. Ya saben: compañeros nuevos, profesores nuevos, curso nuevo. Pero como que me falta algo… o, bueno, mejor dicho, me falta alguien.
Empezar el año y saber que te falta esa persona con la que creíste que estarías todo el año, realizarías trabajos y compartirías momentos es una situación que no le deseo a nadie. Ojalá pudiera encontrar a alguien con quien hacer todas esas cosas que deseé compartir con esa persona. Pero yo sé que podré tener mil amigos y nadie se comparará contigo.
Por: Santiago Parra
Estudiante Primero Técnico
Cuando me enteré de que iba a cambiarme de colegio, al principio no sabía muy bien cómo sentirme. Por una parte, estaba emocionado por conocer un lugar nuevo, pero también tenía un poco de miedo porque no sabía cómo iban a ser los compañeros, los profesores ni si me iba a poder adaptar.
Por suerte, no tuve que pasar por todo eso solo, porque dos compañeros y amigos míos también se cambiaron conmigo al Juan Pablo II. Eso hizo que los nervios no fueran tantos, porque ya tenía con quién hablar y estar los primeros días. Aun así, llegar a un colegio nuevo siempre da un poco de miedo, especialmente cuando sabes que todos ya se conocen entre ellos.
Los primeros días estaba un poco callado y observaba cómo eran todos. Poco a poco fui hablando con más compañeros y me di cuenta de que no era como me lo imaginaba. La mayoría fueron buena onda y, con el tiempo, empecé a sentirme más tranquilo. Lo que al principio parecía algo difícil terminó siendo mucho más sencillo.
Ahora que ya llevo un tiempo en el colegio Juan Pablo II, siento que todo cambió. Ya conozco a mis compañeros, sé cómo son los profesores y ya no siento esa preocupación que tenía al principio. De hecho, hoy en día ya me siento bastante cómodo ahí y siento que fue una buena decisión cambiarme de colegio.
Por: Joaquín Plaza
Estudiante Primero
Técnico
¿Qué loco, ¿no? Que, a pesar de
que el tiempo pasa rápido, no siempre nos damos cuenta de cómo lo aprovechamos.
Cuando llegué a 8vo de EGB, no me
imaginaba todo lo que me esperaba por vivir. Al principio me costó adaptarme,
pero poco a poco fui acostumbrándome. Tuve que conocer a nuevas personas,
nuevos compañeros, profesores, materias y vivir nuevas experiencias.
Ahora ya me encuentro en Bachillerato
Técnico, y al mirar atrás, me doy cuenta de que fue un largo camino. Uno
inolvidable. Uno que recordaré, porque gracias a todo ese recorrido hoy me
encuentro donde siempre deseé estar.
Yo ya recorrí mi camino. Viví mis
experiencias, cometí errores, aprendí tanto a las buenas como a las malas y
llegué hasta donde quería.
Ahora que el camino continúa, ya
solo me queda decirles algo a quienes vienen detrás: ahora es su turno.
Aprovechen cada momento, disfrútenlo y hagan que valga la pena. Porque quién
sabe… Tal vez uno de ustedes sea quien algún día inspire a los que vienen
después.
“Del chiste al Cielo”
Desde el Área de
Lengua y Literatura, nos complace presentar el concurso interno de monólogos
“Del chiste al Cielo”, una iniciativa pensada para destacar la creatividad, el
carisma y las anécdotas juveniles. En este espacio, los estudiantes desde 8vo
de EGB hasta 3ro de BGU tendrán la oportunidad de transformar la risa en
reflexión y las experiencias de la vida cotidiana en un encuentro con la fe.
Los estudiantes
tendrán el desafío de crear y presentar un monólogo original, combinando tres
elementos fundamentales: humor, cotidianidad y reflexión. Cada participante
podrá elegir libremente el orden y el ritmo de su presentación.
Las historias
podrán encontrar inspiración en San Juan Pablo II, San Juan Bosco, la Virgen
María Auxiliadora, Jesús o Dios, permitiendo que situaciones cercanas a los
jóvenes se conviertan en oportunidades para transmitir un mensaje
significativo.
¡El escenario es
todo suyo, queridos estudiantes! Les deseamos mucha suerte y los invitamos a
disfrutar de esta experiencia, en la que podremos descubrir y celebrar el
talento de nuestros estudiantes.
Por: Alison Camila Palta Cabrera
Estudiante 4to ¨A¨
¡Qué hermosa eres, luna,
que brillas, aunque estés sola,
acompañando a quien tristeza
lleva dentro de su alma!
Por: Danny Alejandro Sarmiento Andrade
Estudiante 4to ¨A¨
Hace muchos años, en las tierras de Cañar, en un pueblito llamado Lluillán, vivía una familia con diez hermanitos: ocho niñas y dos niños, uno mayor y otro menor. Un día, su padre le mandó al bosque junto a la quebrada a cortar leña y recoger hojas secas para cocinar.
Mientras recogían la leña, el hermano mayor empezó a empujar y maltratar al hermano menor. También le quitó toda su carga de leña y sus hojitas, quedándose con el fruto de su trabajo y lo golpeó. El hermanito menor lloraba muy triste y sin nada, sentándose en una piedra junto a un imponente árbol, mientras el mayor se alejaba presumiendo lo que había robado.
Al llegar al borde de la quebrada, donde el arroyo corre junto al río, vio algo que le congeló la sangre del miedo: del agua surgió un pájaro muy negro que, ante sus ojos, se transformó en una mano terrorífica. La mano lo llamaba, una y otra vez, sin que nadie más pudiera verla. El muchacho quedó paralizado, perdió el habla y solo pudo correr de vuelta a casa.
Allí estaba sin poder hablar ni una sola palabra, con espuma blanca en la boca, sin pedir ayuda ni explicar lo que le pasó. Sus hermanos, asustados, esperaron a que sus padres regresaran del cerro para llevarlo al hospital; pero ningún médico halló la causa ni lo pudieron curar. Lo mandaron a su casita, donde permaneció encerrado en un cuartito con velas, sin hablar, mientras su familia esperaba con angustia.
Al cuarto día, por fin recuperó el habla y, con voz temblorosa, les contó todo lo que había pasado, cómo él había lastimado a su hermanito menor, cómo le había quitado la leña de su trabajo y cómo la aparición de la mano terrorífica lo había castigado por su maldad. Entendió entonces que aquello era una señal de que el daño que se hace a los seres queridos nunca queda sin respuesta del cielo.
Mi abuelita me contó esta historia de cuando era niña, y me dijo que, hasta el día de hoy, en ese arroyo de la quebrada, se recuerda que la bondad entre hermanos es el tesoro más grande que tenemos.
Por: Rafaela del Cisne Ibáñez Carmona
Estudiante 4to ¨A¨
Había una vez una hermosa niña de ojitos claros que vivía en el campo, en un pueblito lejano. Ella siempre soñaba con una guitarra y grandes escenarios. Pensaba que su sueño era imposible de cumplir. Un día en la escuela, le contó de su sueño a su profesor de música. Él le dijo que en la vida todo se puede lograr con perseverancia, esfuerzo y empeño.
La pequeña, al escuchar estas palabras, pensó en que no sería imposible hacerlo realidad y decidió contar a sus padres, quienes le apoyaron en hacer realidad su tan anhelado sueño. El día de su cumpleaños le regaló una hermosa guitarra; entonces la niña le pidió a su profesor que le enseñara a entonar y a componer canciones con su preciada guitarra.
Al pasar los días y los meses, la niña con gran habilidad y destreza aprendió y, con el pasar del tiempo, se convirtió en una gran estrella. Así hizo realidad el sueño de estar en grandes escenarios y compartir su música con muchas personas que coreaban su nombre.
Un
colegio es mucho más que un edificio compuesto por muros, ladrillos, pizarras y
cuadernos. Es, en realidad, un hermoso mural que se construye día a día con
todos los miembros que conforman. Cada uno de nosotros con nuestras sonrisas,
nuestros talentos, nuestros días brillantes y también nuestras dudas es una
pieza única, con un color y una forma que nadie puede contestar. La verdadera
magia de la convivencia no ocurre cuando intentamos ser todos iguales, sino cuando
logramos que cada pieza encaje en perfecta armonía con las demás.
Aprender a convivir es aceptar la sagrada
tarea de caminar juntos, reconociendo que cada persona carga con sus propias
luces, anhelos y batallas silenciosas. Cuando
elegimos la amabilidad en lugar de la indiferencia, cuando decidimos tender una
mano en lugar de dar la espalda, encendemos una luz en el día de alguien más.
Los pasillos de nuestro colegio no se llenan solo de pasos, se llenan de ecos;
y está en nuestras manos decidir si esos ecos serán de aliento, de risas
compartidas y de palabras que abrazan.
Aprender
a vivir juntos es el examen más importante que presentaremos, y no se califica
con una nota en un papel, sino con la calidez de nuestro entorno. Se nota en la
mesa del recreo donde siempre hay espacio para uno más, en el aula donde se
respeta el silencio del que piensa y en el patio donde el error de un amigo se
recibe con un no pasa nada quédate tranquilo, lo intentamos otra vez. Sigamos
tejiendo esta red con hilos de respeto, cordialidad, empatía y paciencia, para
que nuestro colegio sea siempre ese refugio seguro donde todos, absolutamente
todos, sintamos que pertenecemos.