Por: Danny Alejandro Sarmiento Andrade
Estudiante 4to ¨A¨
Hace muchos años, en las tierras de Cañar, en un pueblito llamado Lluillán, vivía una familia con diez hermanitos: ocho niñas y dos niños, uno mayor y otro menor. Un día, su padre le mandó al bosque junto a la quebrada a cortar leña y recoger hojas secas para cocinar.
Mientras recogían la leña, el hermano mayor empezó a empujar y maltratar al hermano menor. También le quitó toda su carga de leña y sus hojitas, quedándose con el fruto de su trabajo y lo golpeó. El hermanito menor lloraba muy triste y sin nada, sentándose en una piedra junto a un imponente árbol, mientras el mayor se alejaba presumiendo lo que había robado.
Al llegar al borde de la quebrada, donde el arroyo corre junto al río, vio algo que le congeló la sangre del miedo: del agua surgió un pájaro muy negro que, ante sus ojos, se transformó en una mano terrorífica. La mano lo llamaba, una y otra vez, sin que nadie más pudiera verla. El muchacho quedó paralizado, perdió el habla y solo pudo correr de vuelta a casa.
Allí estaba sin poder hablar ni una sola palabra, con espuma blanca en la boca, sin pedir ayuda ni explicar lo que le pasó. Sus hermanos, asustados, esperaron a que sus padres regresaran del cerro para llevarlo al hospital; pero ningún médico halló la causa ni lo pudieron curar. Lo mandaron a su casita, donde permaneció encerrado en un cuartito con velas, sin hablar, mientras su familia esperaba con angustia.
Al cuarto día, por fin recuperó el habla y, con voz temblorosa, les contó todo lo que había pasado, cómo él había lastimado a su hermanito menor, cómo le había quitado la leña de su trabajo y cómo la aparición de la mano terrorífica lo había castigado por su maldad. Entendió entonces que aquello era una señal de que el daño que se hace a los seres queridos nunca queda sin respuesta del cielo.
Mi abuelita me contó esta historia de cuando era niña, y me dijo que, hasta el día de hoy, en ese arroyo de la quebrada, se recuerda que la bondad entre hermanos es el tesoro más grande que tenemos.
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