Por: Eco. Patricia Vizcaíno León Mgtr.
Rectora
La Semana Santa es la manifestación más grande del amor de Dios, quien en un gesto de entrega infinita, envió a su propio Hijo para caminar entre nosotros y dar su vida en la cruz. Este sacrificio no es un evento del pasado, sino una demostración presente de que no hay oscuridad, ni error que su amor no pueda abrazar. Al contemplar la Pasión de Jesús, recordamos que cada uno de nosotros tiene un valor inmenso a los ojos del Creador, quien eligió el camino del servicio y la entrega absoluta para ofrecernos el perdón y la reconciliación.
Sin embargo, el mensaje no termina en la cruz, sino en la alegría de la Resurrección, que es la promesa definitiva de una vida nueva. La tumba vacía nos asegura que la muerte y el dolor no tienen la última palabra, dándonos la esperanza de que, de la mano de Cristo, siempre es posible volver a empezar.
Que esta Semana Santa sea una invitación para que, como comunidad educativa, renovemos nuestro propósito de vivir con fe, sabiendo que estamos llamados a trascender y a compartir esa luz de vida eterna con los demás. Vivamos estos días con el corazón abierto al sacrificio de Jesús y la alegría de su promesa eterna.
Que la paz de Dios habite en sus familias y nos inspire a ser reflejo de su amor en cada paso que damos.


