Por: Alison Camila Palta Cabrera
Estudiante 4to ¨A¨
¡Qué hermosa eres, luna,
que brillas, aunque estés sola,
acompañando a quien tristeza
lleva dentro de su alma!
UN ESPACIO DE LIBRE EXPRESIÓN
Por: Alison Camila Palta Cabrera
Estudiante 4to ¨A¨
¡Qué hermosa eres, luna,
que brillas, aunque estés sola,
acompañando a quien tristeza
lleva dentro de su alma!
Por: Danny Alejandro Sarmiento Andrade
Estudiante 4to ¨A¨
Hace muchos años, en las tierras de Cañar, en un pueblito llamado Lluillán, vivía una familia con diez hermanitos: ocho niñas y dos niños, uno mayor y otro menor. Un día, su padre le mandó al bosque junto a la quebrada a cortar leña y recoger hojas secas para cocinar.
Mientras recogían la leña, el hermano mayor empezó a empujar y maltratar al hermano menor. También le quitó toda su carga de leña y sus hojitas, quedándose con el fruto de su trabajo y lo golpeó. El hermanito menor lloraba muy triste y sin nada, sentándose en una piedra junto a un imponente árbol, mientras el mayor se alejaba presumiendo lo que había robado.
Al llegar al borde de la quebrada, donde el arroyo corre junto al río, vio algo que le congeló la sangre del miedo: del agua surgió un pájaro muy negro que, ante sus ojos, se transformó en una mano terrorífica. La mano lo llamaba, una y otra vez, sin que nadie más pudiera verla. El muchacho quedó paralizado, perdió el habla y solo pudo correr de vuelta a casa.
Allí estaba sin poder hablar ni una sola palabra, con espuma blanca en la boca, sin pedir ayuda ni explicar lo que le pasó. Sus hermanos, asustados, esperaron a que sus padres regresaran del cerro para llevarlo al hospital; pero ningún médico halló la causa ni lo pudieron curar. Lo mandaron a su casita, donde permaneció encerrado en un cuartito con velas, sin hablar, mientras su familia esperaba con angustia.
Al cuarto día, por fin recuperó el habla y, con voz temblorosa, les contó todo lo que había pasado, cómo él había lastimado a su hermanito menor, cómo le había quitado la leña de su trabajo y cómo la aparición de la mano terrorífica lo había castigado por su maldad. Entendió entonces que aquello era una señal de que el daño que se hace a los seres queridos nunca queda sin respuesta del cielo.
Mi abuelita me contó esta historia de cuando era niña, y me dijo que, hasta el día de hoy, en ese arroyo de la quebrada, se recuerda que la bondad entre hermanos es el tesoro más grande que tenemos.
Por: Rafaela del Cisne Ibáñez Carmona
Estudiante 4to ¨A¨
Había una vez una hermosa niña de ojitos claros que vivía en el campo, en un pueblito lejano. Ella siempre soñaba con una guitarra y grandes escenarios. Pensaba que su sueño era imposible de cumplir. Un día en la escuela, le contó de su sueño a su profesor de música. Él le dijo que en la vida todo se puede lograr con perseverancia, esfuerzo y empeño.
La pequeña, al escuchar estas palabras, pensó en que no sería imposible hacerlo realidad y decidió contar a sus padres, quienes le apoyaron en hacer realidad su tan anhelado sueño. El día de su cumpleaños le regaló una hermosa guitarra; entonces la niña le pidió a su profesor que le enseñara a entonar y a componer canciones con su preciada guitarra.
Al pasar los días y los meses, la niña con gran habilidad y destreza aprendió y, con el pasar del tiempo, se convirtió en una gran estrella. Así hizo realidad el sueño de estar en grandes escenarios y compartir su música con muchas personas que coreaban su nombre.
Un
colegio es mucho más que un edificio compuesto por muros, ladrillos, pizarras y
cuadernos. Es, en realidad, un hermoso mural que se construye día a día con
todos los miembros que conforman. Cada uno de nosotros con nuestras sonrisas,
nuestros talentos, nuestros días brillantes y también nuestras dudas es una
pieza única, con un color y una forma que nadie puede contestar. La verdadera
magia de la convivencia no ocurre cuando intentamos ser todos iguales, sino cuando
logramos que cada pieza encaje en perfecta armonía con las demás.
Aprender a convivir es aceptar la sagrada
tarea de caminar juntos, reconociendo que cada persona carga con sus propias
luces, anhelos y batallas silenciosas. Cuando
elegimos la amabilidad en lugar de la indiferencia, cuando decidimos tender una
mano en lugar de dar la espalda, encendemos una luz en el día de alguien más.
Los pasillos de nuestro colegio no se llenan solo de pasos, se llenan de ecos;
y está en nuestras manos decidir si esos ecos serán de aliento, de risas
compartidas y de palabras que abrazan.
Aprender
a vivir juntos es el examen más importante que presentaremos, y no se califica
con una nota en un papel, sino con la calidez de nuestro entorno. Se nota en la
mesa del recreo donde siempre hay espacio para uno más, en el aula donde se
respeta el silencio del que piensa y en el patio donde el error de un amigo se
recibe con un no pasa nada quédate tranquilo, lo intentamos otra vez. Sigamos
tejiendo esta red con hilos de respeto, cordialidad, empatía y paciencia, para
que nuestro colegio sea siempre ese refugio seguro donde todos, absolutamente
todos, sintamos que pertenecemos.
Por: Mgtr. Johanna Quinde
Docente de Lengua y Literatura
Flor dulce y ornamental,
que siembra la
campesina
junto a sus bellas hortalizas,
llenas de vida natural.
Claveles de coloridas
presentaciones
decoran terrazas
y floristerías,
con su irresistible
aroma
que anuncia un hermoso día.
Para el insomnio
y ansiedad,
Un agua aromática
con clavel
Puede brindar
tranquilidad
Y ayudar a descansar
bien.
Eres flor divida
que aromatizas mí
jardín;
con tus vistosos
colores
brindas resplandor en mi hogar.
Autor: Anónimo
En mi colegio paso gran parte de mis días, rodeado de clases, tareas, trabajos y, por supuesto, amigos. Hay mañanas que se sienten un poco más pesadas y otras en las que todo fluye con facilidad.
Aquí he compartido un montón de experiencias, desde charlas en el recreo hasta risas inesperadas, y también esos momentos de preocupación por exámenes y deberes. Con el tiempo, he ido comprendiendo que todo esto es parte del proceso de aprendizaje.
He tenido la suerte de conocer a personas que me han enseñado mucho: profesores con una paciencia infinita y amigos que han estado a mi lado en las buenas y en las malas. Son recuerdos que sé que llevaré conmigo siempre.
Juan Pablo II es una parte fundamental de mi historia y de mi rutina diaria; es un lugar que he aprendido a valorar y respetar con el tiempo. No lo veo solo como un colegio, sino como un espacio donde estoy creciendo, aprendiendo a ser una mejor persona y donde puedo seguir avanzando en mi camino.
Autor: Anónimo
Las flores que sembró tu amor en mí ya no están. Un día, hace poco más de un año, nos despedimos sin saber que sería la última vez que ese árbol, el pasto y aquellas piedras que nos vieron crecer juntos desaparecerían, al igual que la tonta idealización que alguna vez tuvimos de nosotros mismos.
Fuiste aquel talismán, el alma correcta que despertó los poderes románticos de mi puro corazón puberto. No extraño nada de eso; vivir rememorando el pasado me priva del presente y me aterra del futuro, pero perdón si estoy de nuevo acá. Pensé que habías preguntado por mí.
Aceptar que tu presencia ya no me pertenece me hizo querer arrugar mi corazón, pero el peso de tu ausencia no fue impedimento para enterrarlo. Plantaste, regaste y cuidaste las raíces de mi intensidad; raíces que, aunque ocultas bajo el gélido suelo y la savia vuelta hiel, perdurarán: raíces que a veces parecen esperarte, aunque el tiempo siga avanzando; raíces en las que florece mi corazón, donde tu compañía y nuestros años estarán atesorados por toda la eternidad.
No te esperaré, ni tú a mí, pero siempre sueño el triunfo de alguien que lo merece. Y aunque no sepas dónde estoy, ni yo sé dónde estarás, siempre podrás contar con que tendrás a alguien que te escuchará. Ese día nunca se me borrará y tu nombre, tatuado como “amor”, estará.
El Tesoro – El mató a un policía motorizado
Alguien que lo merece – El mató a un policía motorizado