jueves, 21 de mayo de 2026

CAMITEO (SINO-FOBIA)

 

Por: Mateo Tenesaca

Estudiante 3ro BGU y Miembro Club de Periodismo

 

Toda ciudad dicen que es ¨segura¨, pero Terwolive simula esa apariencia de calma con seres incógnitos que tienen el arma más poderosa de todas: el miedo. Una sencilla, pero eficaz arma que te consume si vas a estar ahí el día siguiente y que aparezca de la nada con un pequeño error. Pues eso es lo que ocurrió con Camila y Mateo, dos hermanos que, al tomar algo insólito, los quieren desaparecer o matarlos cruelmente. Tienen al miedo justo a su lado y por lo menos no es una criatura monstruosa, sino personas sin rostro. Ahora lo que les queda es sobrevivir, ¿por un día?, ¿por dos semanas?, ¿quién sabe?

¨A veces recorrer una ciudad tranquila te relaja¨. Ellos se lo tomaron literal, pasar de lo urbano o lo rural, de punto A a punto B, pero ¿qué sentido tiene eso? Solo estaría alargando su destino fatal y tal vez ganándose a enemigos por la zona que pasarán.

Y todo esto pasó por un simple y pequeño frasco de color rojo con amarillo, adorable e inofensivo. Creo que lo segundo sería el miedo, recurrir a lo más profundo de sus mentes y acabarlos por dentro. Ellos no lo sabrán por el momento y creerán en lo fantasioso y lo irreal, pero ¿acaso ellos pondrán encontrar la luz del cristal o el cristal los encontrará a ellos?

Ya tenemos dudas que hay que resolver, pero ¡qué una más! ¿Qué es lo que elegirán? Y si tuvieran esa oportunidad, qué consecuencias los perjudicará, porque cada acción que tomarán, encadenará a otro efecto domino.

SIN TÍTULO

 

Por: Alan Hurtado

Estudiante 2do BGU y Miembro Club de Periodismo


Al caminar por los pasillos del lugar que los maestros hacen que llamemos ¨segundo hogar¨ cada mañana me pregunto: ¿Hoy será un buen día?

Aunque cargue con todo el peso del mundo o los mayores problemas que puedas imaginar, antes de entrar por ese marco que llamamos ¨puerta¨, respiro y lo olvido todo porque yo... yo siempre estoy bien.

Desde que tengo memoria recuerdo oír: ¨sus problemas se los dejan en su casa¨. Es un consejo que tomé demasiado en serio.  

¿Me conoces?

¿Te conozco?

EL PISO 13

 


Por: Joaquín Plaza

Estudiante 10mo ¨B¨ y Miembro Club de Periodismo

 

Mi mamá siempre me decía que, si alguna vez escuchaba algo en la noche, no lo contara en voz alta… porque hay cosas que no solo se escuchan, sino que se aprenden.  Yo pensaba que era una forma rara de asustar a los niños, hasta que empecé a escuchar los pasos…

La casa donde vivíamos era antigua. No vieja de esas que se caen a pedazos, sino de las que parecen guardar silencio… como si recordaran demasiado. Los pasillos eran largos, el piso de madera crujía incluso cuando no caminaba nadie y por las noches todo se volvía más oscuro de lo normal, como si la luz tuviera miedo de quedarse. La primera vez que los escuché, pensé que era mi mamá.

Paso

Paso

Y… paso

Abrí los ojos y me quedé quieto, mirando la puerta. El sonido venía del pasillo, acercándose lentamente. No sé por qué empecé a contar:

Uno… dos… tres…

Tal vez para distraerme. Tal vez porque necesitaba entender el ritmo. Cuando llegué al doce, los pasos se detuvieron justo frente a mi puerta, esperé hasta que alguien llamara, que alguien dijera mi nombre, que la manija girara, pero… no pasó nada, solo ese silencio… largo, incómodo… como si alguien se hubiera quedado del otro lado, sin hacer ruido.

Esa noche no dormí bien y tampoco la siguiente, ni la siguiente, porque los pasos volvieron siempre iguales, siempre a la misma hora, siempre doce y siempre ese silencio después, cada vez más pesado… más cercano… como si el espacio entre la puerta y yo se hiciera más pequeño cada noche.

Empecé a notar cosas pequeñas al principio. La puerta, a veces, amanecía entreabierta… aunque yo recordaba haberla cerrado. Mis juguetes cambiaban de lugar no mucho, apenas unos centímetros. Lo suficiente para dudar de mí mismo y el aire… siempre frío después del paso doce. Un frío que no venía de la ventana ni de la noche, sino de algo más. Algo que se quedaba. Una noche decidí no contar, me quedé en silencio, con la respiración contenida, esperando los pasos.

Paso

Paso

Paso

Llegaron hasta doce. Se detuvieron y entonces… uno más… trece.

El sonido fue distinto más pesado, más consciente. Un golpe suave resonó en la puerta, no respondí… otro golpe, más fuerte. Entonces una voz, apenas susurró:

No estás contando.


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jueves, 14 de mayo de 2026

¿EN QUÉ PUNTO ESTAMOS?

 

Por: Guillermo Córdova

Estudiante 3ro BGU


Creo que hasta aquí hemos llegado y ahora cabe preguntarnos, ¿en qué punto estamos? ¿En el punto de la salida y la despedida de alejarnos de la vida estudiantil y acercarnos a la vida adulta? ¿O simplemente estamos en un punto donde volvemos a la niñez y recordamos nuestro pasado?

Recordamos cómo fueron esos momentos que compartimos y esas experiencias que vivimos en este colegio.

Siento que las cosas en algún momento se tienen que terminar, pero eso es bueno, porque da paso a que otras puedan comenzar. Creo que también este camino que vamos a tomar será uno más de otros tantos, pero antes de seguir caminando, quiero hoy dejar una piedra en el camino, una huella en mi zapato, para que cuando otra persona recorra por este lugar, quede evidencia de que yo también, nosotros también estuvimos aquí.

Creo que, al fin de cuentas, los recuerdos son eternos, aunque los momentos no sean duraderos.

LA TRISTEZA DE AMAR EN SILENCIO

 

Por: Emilio Redrován

Estudiante 9no ¨A¨

 

Amar a alguien que no siente lo mismo es como caminar bajo la lluvia sosteniendo algo frágil entre las manos, intentando protegerlo aun sabiendo que tarde o temprano podría romperse. Es pensar en esa persona en los momentos más simples del día: cuando escuchas una canción, cuando ves algo que le gustaría o cuando quisieras contarle cualquier detalle solo para escuchar su voz. Hay una mezcla constante entre felicidad y tristeza, porque amar puede hacerte sentir increíblemente vivo, pero también profundamente solo. Cada pequeña muestra de atención se vuelve importante y cada indiferencia pesa más de lo que debería.

A veces, quien ama en silencio guarda esperanzas pequeñas e imposibles, imaginando que algún día la otra persona lo mire de la misma manera. Pero mientras eso no ocurre, el corazón vive en una especie de espera interminable. Duele darse cuenta de que puedes entregar tanto cariño y aun así no ser suficiente para despertar el mismo sentimiento. Sin embargo, el amor sigue ahí, terco y persistente, porque no siempre obedece a la lógica. Y quizá lo más difícil no es aceptar que no te aman de la misma forma, sino aprender a convivir con ese sentimiento sin dejar que te destruya por dentro.

Porque llega un momento en que entiendes algo extraño: algunas personas no llegan a nuestra vida para quedarse, sino para enseñarnos cuánto somos capaces de sentir. Y entonces nace la pregunta más difícil de todas: si amar tanto a alguien puede doler así… ¿cuánto tiempo puede una persona seguir aferrándose a un amor antes de empezar a perderse a sí misma?

 

MI ÚLTIMO ESCRITO, MI ÚLTIMO AÑO

 

Por: Nahomi Toapanta  

Estudiante 3ro BGU

 

Aprender a decir un último adiós a muchas cosas: el colegio, las risas, las experiencias y muchas otras cosas más. La vida te enseña que muchas cosas en el camino son tanto buenas como malas. Al final del día vivimos experiencias buenas, pero, sobre todo, con lo malo aprendemos a recapacitar y a decir: “Es hora de un nuevo comienzo”, a pesar de que el camino que estamos dejando esté lleno de errores.

La vida de muchas personas a veces nos sorprende con alguna pérdida, alguna alegría o incluso una sorpresa. Todo es gracias a nuestras acciones, que cada uno se complementa en su vida. Agradezco continuar mi camino a pesar de los desafíos que he cruzado. No me siento orgullosa de todo lo que he hecho, pero sé que gracias a ello estoy donde estoy.

Esta es mi pequeña historia, la cual no solo es risa y felicidad, también tiene sus momentos de angustia y tristeza. Gracias a pesar de todo, me expreso de todo corazón, agradecida siempre con quienes me han apoyado y, siempre, con la misma vida.

LA CORRIENTE DEL RÍO SIEMPRE FLUYE

 

Por: María Paz Uguña

Estudiante 3ro BGU

 

Cambiar de aires es algo que siempre he esperado. Realmente en este punto cuento los días para irme. Estar 7 años en este colegio ha sido un aprendizaje constante, aún tengo dudas de que será la universidad, pero sé que todo será mejor. Muchas personas me han enseñado algo, independientemente si es bueno o malo. Me voy con felicidad, tal vez no extrañe el colegio: soy una persona olvidadiza; entonces no creo que haya un sentimiento de nostalgia, pero estaré agradecida con las personas que he conocido.

Esto no es un microcuento, talvez nunca haga uno, pero, así es la vida, me enseña a crecer, a amar y a agradecer. La vida en un día siempre es el presente; el pasado nunca volverá de nuevo.