jueves, 22 de octubre de 2026

LA VERDAD

 

Por: Edward Álvarez

Estudiante 3ro BGU


Escribir es mi escapatoria. Aquí es donde dejo que las palabras hablen y que hable mi corazón. Y la verdad, una verdad que, aunque la cuente, siento que nadie creería en ella. Una verdad que solo quienes la vivimos entenderíamos, porque sabemos lo que se siente llorar.

Contar la verdad no es nada fácil porque detrás de cada cosa existe una historia, una historia que solo nosotros conocemos y podemos contar.

Una persona perdida, que lloraba todas las noches, que temblaba, que tenía miedo y que encontraba en sus poemas y escritos una salida de su realidad. Escribía lo que sentía y lo que quería. Entre tantos dolores y la pérdida de un familiar querido, llegó a sentir el deseo de dejar de estar aquí, en el plano de los vivos.

Y he aquí que esa persona soy yo, alguien que llevaba una máscara para ocultar lo que sentía, que siempre sonreía y que, a pesar de miles y miles de problemas, se escondía detrás de una sonrisa falsa.

Existían días en los que uno gritaba lo que sentía, pero solo le decían que era para llamar la atención.

Un día, aquella persona sola y triste, que lloraba todas las noches, conoció a otra persona que, entre risas, bromas y chistes, le hizo sentir nuevamente lo que era estar vivo. Eran cosas sencillas, como un abrazo a un padre, a una madre o a un ser querido. Entre todas esas cosas, sentí por fin, después de mucho tiempo, una felicidad viva, una felicidad real, llena de miles de sentimientos que solo uno puede explicar.

Existe una frase: cuando uno enciende todos los fósforos de una sola vez, el fuego se vuelve tan poderoso que puede llevárselo todo, incluso nuestra felicidad.

Y así fue. Sin control, caí. Aquellos fósforos fueron encendidos todos de golpe y caímos sin aviso a un precipicio del cual, aunque ahora intentamos salir, sentimos que nunca podremos hacerlo.

Sé que fue nuestra culpa. Cometimos errores que, aunque intentemos solucionarlos, parece que no tienen solución. No podemos.

Aunque intente explicarlo, no sé cómo hacerlo. En verdad, siento que no me entenderían.

Aunque existían peleas, malos momentos y miles de problemas que parecían no tener solución, seguíamos juntos, ayudándonos a caminar y a salir de una enfermedad que parecía no tener cura, que consumía y que acababa con nosotros.

Y, aun en los momentos más difíciles, su presencia, su apoyo y su preocupación por saber si había comido me ayudaban, aunque nadie lo notara.

Explicar y contar la verdad es difícil, y más aún pedirles que me entiendan. Siento que no podrían hacerlo. Pedir perdón a veces no es suficiente y ahora los problemas vuelven a presentarse.

Quisiera regresar a esos días en los que nos escapábamos, caminábamos por el parque y por el río para ver aquellos peces. En esos momentos nos sentíamos tan juntos que nada parecía poder separarnos.

Amar y ser amado es algo que el mundo necesita, pero nosotros cometimos errores, errores que no nos permiten estar juntos. Y sí, duele porque, aunque intentemos pedir perdón y una oportunidad para demostrar que todo puede cambiar, sentimos que nadie nos la dará.

Sé que explicar el sentimiento de amar es difícil. No se puede explicar, en verdad, y más porque soy un joven. Tan solo tengo 17 años, pero les puedo decir que amé.

Porque sí, amé de la manera que mi edad me permitió amar: con cartas, abrazos, chocolates, detalles y cosas que parecen insignificantes, pero que no lo son para quienes recuerdan lo que sentían y cómo era amar a mi edad.

Pedir perdón es difícil, pero decido contar la verdad, una verdad que, aunque sea difícil de creer, solo yo sé la historia que viví este último año.

Sí, aunque existían miles de problemas y motivos para estar lejos, siempre seguíamos adelante. Y cuando por fin, después de mucho tiempo, pensamos que habíamos salido de todos los problemas, otra vez debemos estar lejos.

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