Por: Camila
Tenesaca
Estudiante
10mo ¨A¨
No supe medir mis palabras
ni el peso que podían tener.
Éramos amigos, éramos jóvenes,
y yo no imaginaba cuánto podía doler.
Mientras tú guardabas tus guerras en silencio,
yo no veía lo que pasaba por dentro.
Y ahora me persiguen las preguntas
de todo lo que no alcancé a comprender.
Me aterraba pensar que fui la última gota,
la razón que te empujó a partir.
Y aunque nadie me diera respuestas,
la culpa no me deja dormir.
Todavía recuerdo aquel ataúd blanco,
una imagen que nunca quise guardar.
Fue la última vez que pude verte
y la primera en que entendí lo que era extrañar.
Si hubiera sabido de tu tristeza,
¿habría podido abrazarte más fuerte?
¿O simplemente no estaba en mis manos
evitar tu final?
Perdóname por lo que dije,
por lo que no pensé antes de hablar.
Aunque me quede esta tristeza,
aunque tu ausencia me haga volver a llorar,
quisiera recordarte con cariño,
sin sentir que te tenía que salvar.

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