Por:
Mateo Pillacela
Estudiante
7mo ¨A¨
Cada
mañana me levanto y me pongo el uniforme,
con la
mochila cargada y un sueño que no es conforme.
A
veces tengo sueño y el camino me da pereza,
pero
al cruzar la puerta, se me aclara la cabeza.
Sé que
muchos dicen que aquí solo vengo a estudiar,
pero
yo siento que vengo a aprender cómo caminar.
En
séptimo de básica ya no somos tan pequeños,
ya
empezamos a ver cómo se cumplen los sueños.
Si
aprendo Matemáticas, no es solo por la operación,
es
para que nadie me engañe y tener buena visión.
Si
aprendo a escribir bien y a usar cada palabra,
es
para que cualquier puerta en mi futuro se abra.
La
escuela me sirve cuando estoy afuera, en la calle,
me
enseña a ser educado y a fijarme en el detalle.
Me
sirve para entender por qué el mundo está como está,
y para
saber que el que estudia es el que más lejos va.
Aquí
aprendí que un amigo es un hermano que elegí,
y que
el respeto es la regla más importante para mí.
Cuando
juego en el recreo o resuelvo algún problema,
siento
que mi mente brilla y que nada me frena.
Los
profes nos dan las llaves, pero nosotros abrimos,
cada
puerta del saber por la cual hoy decidimos.
No es
solo por la nota, ni por pasar el examen,
es
para que mis ideas con fuerza siempre se llamen.
Hoy valoro
mi pupitre, mi cuaderno y mi lugar,
porque
sé que aquí estoy aprendiendo a despegar.
La
escuela es mi gimnasio para entrenar la mente,
para
ser alguien valioso y ayudar a toda la gente.
Soy de
séptimo año, tengo ganas de crecer,
y sé
que la mejor herramienta es siempre el saber.
es el
arte de aprender a sostenerle al mundo la mirada,
es
sentir que el conocimiento es un mapa en nuestra mano
para
no perder el rumbo en la noche más cerrada.
Recuerdo
el frío de la mañana y el eco en el pasillo,
el
aroma a sacapuntas y el roce del cuaderno nuevo,
momentos
que parecen simples, de un brillo sencillo,
pero
que son los ladrillos del destino que hoy elevo.
Allí
aprendí que el error no es un muro ni es un daño,
sino
el escalón necesario para entender la altura,
que la
paciencia se cultiva año tras año
y que
pensar por uno mismo es la mejor armadura.
La
escuela camina conmigo, aunque no me dé cuenta;
está
en la lógica que uso cuando todo va cuesta abajo,
y en
la ética que guardo cuando la duda me tienta.
Nos
enseñó a convivir, a compartir el mismo espacio,
a
entender que mi libertad termina donde empieza la tuya,
a
construir los grandes sueños despacio, muy despacio,
para
que la estructura sea firme y nada la destruya.
¡Qué
vacía sería la vida sin ese refugio de tiza!
Sin el
maestro que vio en nosotros lo que no veíamos,
sin
esa chispa en la mente que de pronto se bautiza
como
"idea", "razón" o "verdad" que tanto queríamos.
La
importancia de estas aulas no se mide en un diploma,
se
mide en la decencia, en el juicio y en la empatía;
es la
raíz silenciosa que nos sostiene y nos asoma
hacia
la luz del saber que nos guía cada día.
Por
eso, al mirar atrás, bendigo cada rincón y cada hora,
cada
examen que fue reto y cada recreo que fue vida,
porque
la escuela es la infancia que en el alma siempre mora
y es
la brújula interna que nunca se da por vencida.
Somos
lo que aprendimos bajo aquel techo de sol,
un
libro que se escribe con esfuerzo, amor y memoria,
convirtiendo
el silencio de un niño en un grito infinito
que
busca dejar su propia huella en la historia.
Mateo como tu profe, no hay regalo más grande que saber que sientes que te entregamos 'las llaves', pero que eres tú quien decide abrir las puertas. Gracias por valorar el aroma del sacapuntas, el eco de los pasillos y, sobre todo, por entender que aquí estás aprendiendo a 'sostenerle al mundo la mirada'. Me emociona saber que mi esfuerzo vale la pena en cada idea que nace en tu mente. ¡Gracias por poner en práctica todo lo que soñamos para ustedes!"
ResponderEliminarMateo eres un niño espléndido y tu poema es un homenaje sincero a la escuela como espacio de formación humana y no solo académica. Con imágenes delicadas y llenas de verdad, nos recuerda que aprender va más allá de los cuadernos y los exámenes: es ética, paciencia, convivencia y construcción de sueños. Cada verso honra a los maestros, a las aulas y a esos momentos que, sin notarlo, van formando la brújula interior que nos guía toda la vida. Un texto que emociona, invita a la reflexión y celebra a la educación como una raíz silenciosa que nos sostiene para siempre
ResponderEliminar!Hola Mateo! Muy lindos tus versos. El estudio es una aventura emocionante . Aprender es como descubrir secretos que te hacen crecer y te ayudan a alcanzar tus sueños . ¡Disfruta aprendiendo, haz amigos y prepárate para una vida llena de posibilidades! 😊"
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