Por:
Memphis Nicolás Quezada
Estudiante
8vo ¨B¨
Cuentan
que hace muchos años atrás en la comunidad de La Paz, los niños y niñas se
reunían a jugar durante las tardes de luna llena, entre ellos había un niño muy
curioso y a la vez valiente llamado Nicolás. Un día se peleó con sus amigos, motivo
por el cual decidió ir a jugar a un lugar más alejado del habitual.
Nicolás
en su camino observó un árbol inmenso en el centro de aquel bosque, el cual
deslumbraba por tener un hoyo en el centro de su tronco, en forma de una puerta
pequeña. Nicolás al ser muy curioso decidió ver que había en este hoyo. Por lo
cual, valientemente caminó hacia el mismo.
En el
hoyo encontró prendas y utensilios en miniatura, pero lo que más le deslumbró
fue ver muchas monedas de oro que brillaban como el sol resplandeciente.
Atraído por el brillo de las monedas decidió tomar una para mostrar a sus papás
de lo que había encontrado.
Lo que
Nicolás no se dio cuenta es que había anochecido, él en su euforia salió rápido
sin darse cuenta que alguien estaba observándole desde el alto del árbol. El
niño escuchó una risa ronca y diabólica que lo asusto, en ese momento soltó la
moneda y salió corriendo en dirección a donde estaban sus padres.
Al
llegar a su casa les contó lo sucedido y que la criatura que vio. Era una
persona muy pequeñita, con un rostro avejentado, que llevaba un sombrero más
grande que su cuerpo y vestía unas botas que brillaban como el oro. Su mamá
concluyó que era el duende que vivía en la comunidad de La Paz.
Los días
transcurrieron, pero Nicolás no lograba conciliar el sueño y cuando lo hacía tenía
pesadillas con el duende. Por lo cual sus padres decidieron ir con su hijo al
gran árbol del duende para ofrecerle una cadena de oro en forma de ofrenda y a
su vez pedir disculpas por lo sucedido.
Desde
aquella fecha Nicolás no volvió a tener pesadillas con aquella criatura. Se
dice que el duende aceptó sus disculpas.

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