Por: Ing.
Jeaneth León M.
Directora
Administrativa
San
Juan Bosco, desde su infancia, guardaba una profunda vocación por servir a los
jóvenes, especialmente a quienes atravesaban situaciones de vulnerabilidad,
marginación y pobreza. Nuestra historia como Unidad Educativa Juan Pablo II es
una narrativa de compromiso inquebrantable con la educación y el bienestar de
la niñez, adolescencia y juventud, arraigada en el pensamiento de Juan Bosco.
El
joven sacerdote se dio cuenta de que no existían jóvenes malos por esencia: «Solamente hay jóvenes buenos a quienes nadie
les ha dicho lo buenos que son». Creía en la importancia de ofrecer una
educación integral que abarcara aspectos académicos, morales y espirituales.
Una anécdota destacada fue cuando hizo el primer contrato de trabajo con un
empleador, un jefe de empresa, un niño y él como garante, para que ese chico
fuera aprendiz y el trabajo fuera educativo, no explotador. Esto ocurrió casi
un siglo antes de que la ONU declarara la Convención sobre los Derechos del
Niño.
En la
actualidad, nuestra misión es educar y acompañar en su camino hacia la madurez
y la plenitud de vida a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, especialmente a
quienes viven en condiciones de vulnerabilidad. Un exalumno de Don Bosco, lleno
de espíritu de servicio, impulsa la obra educativa de la Juan Pablo II, dando
respuesta a las necesidades de la niñez y adolescencia en Cuenca, quienes a
menudo enfrentan dificultades por falta de acceso a educación de calidad.
La
UNESCO señala que, para 2023, 244 millones de niños y jóvenes siguen sin
escolarizar. La OIT indica que 8,2 millones de niños y niñas en América Latina
y el Caribe trabajan y más del 50% realizan trabajos peligrosos. Como
educadores, debemos ser como Don Bosco: enfrentar realidades dolorosas con
acciones concretas. Nuestra labor es un testimonio del poder transformador de
la educación, el acompañamiento y la fe. La luz de Don Bosco inspira a
construir un futuro lleno de oportunidades.

Así es estimada Jeanethcita, se reafirma nuestra identidad institucional: educar desde el carisma de Don Bosco implica creer en el potencial de cada estudiante, especialmente de los más vulnerables, y comprometernos con una educación integral que transforme vidas y realidades, hoy como ayer.
ResponderEliminarGracias Ingeniera por recordamos que la educación no es solo transmitir datos, sino rescatar la dignidad humana. En un mundo tan complicado que estamos enfrentando el modelo de Don Bosco surge no como una reliquia del pasado, sino como una solución urgente. Apostar por el "buen corazón" de la juventud cuencana en situación de vulnerabilidad es, en última instancia, apostar por un futuro más justo para toda la ciudad.
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