jueves, 29 de enero de 2026

SOMOS TESTIGOS

 


Por: Ing. Jeaneth León M.

Directora Administrativa

 

San Juan Bosco, desde su infancia, guardaba una profunda vocación por servir a los jóvenes, especialmente a quienes atravesaban situaciones de vulnerabilidad, marginación y pobreza. Nuestra historia como Unidad Educativa Juan Pablo II es una narrativa de compromiso inquebrantable con la educación y el bienestar de la niñez, adolescencia y juventud, arraigada en el pensamiento de Juan Bosco.

El joven sacerdote se dio cuenta de que no existían jóvenes malos por esencia: «Solamente hay jóvenes buenos a quienes nadie les ha dicho lo buenos que son». Creía en la importancia de ofrecer una educación integral que abarcara aspectos académicos, morales y espirituales. Una anécdota destacada fue cuando hizo el primer contrato de trabajo con un empleador, un jefe de empresa, un niño y él como garante, para que ese chico fuera aprendiz y el trabajo fuera educativo, no explotador. Esto ocurrió casi un siglo antes de que la ONU declarara la Convención sobre los Derechos del Niño.

En la actualidad, nuestra misión es educar y acompañar en su camino hacia la madurez y la plenitud de vida a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, especialmente a quienes viven en condiciones de vulnerabilidad. Un exalumno de Don Bosco, lleno de espíritu de servicio, impulsa la obra educativa de la Juan Pablo II, dando respuesta a las necesidades de la niñez y adolescencia en Cuenca, quienes a menudo enfrentan dificultades por falta de acceso a educación de calidad.

La UNESCO señala que, para 2023, 244 millones de niños y jóvenes siguen sin escolarizar. La OIT indica que 8,2 millones de niños y niñas en América Latina y el Caribe trabajan y más del 50% realizan trabajos peligrosos. Como educadores, debemos ser como Don Bosco: enfrentar realidades dolorosas con acciones concretas. Nuestra labor es un testimonio del poder transformador de la educación, el acompañamiento y la fe. La luz de Don Bosco inspira a construir un futuro lleno de oportunidades.

 

 

 

 

2 comentarios:

  1. Patricia Vizcaíno L.31 de enero de 2026 a las 14:29

    Así es estimada Jeanethcita, se reafirma nuestra identidad institucional: educar desde el carisma de Don Bosco implica creer en el potencial de cada estudiante, especialmente de los más vulnerables, y comprometernos con una educación integral que transforme vidas y realidades, hoy como ayer.

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  2. Gracias Ingeniera por recordamos que la educación no es solo transmitir datos, sino rescatar la dignidad humana. En un mundo tan complicado que estamos enfrentando el modelo de Don Bosco surge no como una reliquia del pasado, sino como una solución urgente. Apostar por el "buen corazón" de la juventud cuencana en situación de vulnerabilidad es, en última instancia, apostar por un futuro más justo para toda la ciudad.

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