Por: Santiago Tenecela
Estudiante 9no ¨A¨
A lo
largo de mi vida me he enamorado de varias personas. No de todas recibí lo
mismo. Algunas solo buscaban compañía. Otras, conveniencia.
Hubo
una chica. Con ella fue distinto. Pero no duró. Después de eso, algo se rompió.
No de forma escandalosa, sino silenciosa. Al intentar acercarme a alguien más,
ya no pasaba nada, solo un vacío. Como si los sentimientos hubieran aprendido
que no vale la pena volverse a enamorar.
Pensé
que era temporal. No lo fue. Entendí que la única forma de volverme a enamorar
sería regresar a su lado, pero no existe esa posibilidad. Y aunque existiera,
probablemente ya no importaría. Hay cosas que no se recuperan, solo se
recuerdan hasta que dejan de doler por cansancio.
A
veces me pregunto si alguna vez sintió algo verdadero por mí. No por nostalgia,
sino por costumbre. Luego recuerdo que da igual. Las respuestas no cambian el
resultado. Hoy no espero nada de nadie. No porque sea fuerte, sino porque es
más sencillo. No idealizo, no prometo, no me ilusiono. Si alguien se queda,
bien. Si se va, también.
El
amor no me decepcionó. Yo aprendí a no necesitarlo. Y si algún día vuelve, no
sé si lo reconocería. O si tuviese ganas de hacerlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario