Por:
Danna Criollo
Estudiante
9no ¨A¨
Ya
pasaron cuatro meses y, aunque parece poco, para mí ha sido una eternidad
entender que lo que más me rompe es hablar de él. Me duele aceptar que tuve a
mi lado a la persona que más me amo y, por inmadurez o por ceguera, nunca supe
valorarlo como se merecía. Él siempre estuvo ahí, en mis peores días,
apoyándome cuando ni yo misma sabía qué hacer conmigo, y ahora... ahora me toca
verlo de lejos en los recreos, como si nunca hubiéramos sido nada. Es increíble
cómo lo que un día fue un amor tan cercano hoy se siente como algo de otra
vida, como recuerdos que se quedaron estancados mientras el resto sigue como si
nada.
Lo
peor es despertarme y, por puro hábito, buscar el celular esperando ese mensaje
de ¨Buenos días, princesa¨, que me cambiaba el ánimo a primera hora. No está. Y
aunque todo el mundo me repite que ¨Solo fue un amor pasajero¨ o que ¨Ya
vendrán otros¨, para mí no se siente así. Nadie entiende lo que se siente ver
cómo ese chico que daba todo por ti ya no está, simplemente porque una se
enfocó en amar a quien no nos quería.
Al
final, a la mala, entendí que el amor no es algo que pasa y ya. El amor se
construye, se cuida y se demuestra con hechos. Y cuando es de verdad, como lo
que él sentía, te deja una marca que no se quita con el tiempo. Me queda la
lección, pero también ese vacío de saber que la felicidad estaba ahí mismo,
frente a mis ojos, y la dejé ir por no saber cuidarlo.

A veces el dolor es nuestro mayor maestro para esas lecciones de la vida que perduran, pero nos transforman y llevan a buscar ser mejores en cada nueva oportunidad.
ResponderEliminar