Por:
Emilio Redrován
Estudiante
9no ¨A¨
Soñaba
en silencio, como quien guarda una luz en el bolsillo para que nadie la apague.
Cada mañana, Mateo miraba la ciudad desde la ventana de su pequeña casa de
madera, imaginando aulas, libros y caminos que parecían hechos para otros.
Trabajaba mientras sus manos se llenaban de cansancio, pero su mente seguía
dibujando futuros imposibles. A veces pensaba que la pobreza era un muro, hasta
que descubrió que también podía ser una escalera invisible: lenta, difícil,
pero suya. Y aunque el mundo le cerraba puertas, Mateo siguió caminando, porque
entendió que los sueños no se cumplen cuando todo es fácil, sino cuando uno
decide no dejar de soñarlos.

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