Por:
María Camila Tenesaca
Estudiante
9no ¨A¨
A
veces no sabemos en qué momento
alguien
deja de ser solo amable
y
empieza a convertirse en posibilidad.
No
hubo promesas,
no
hubo declaraciones,
solo
gestos pequeños
que mi
corazón decidió interpretar como algo más.
Una
sonrisa puede ser solo eso,
pero
cuando una quiere,
la
convierte en esperanza.
Y entonces
comienza la confusión:
¿me
gusta la persona
o me
gusta cómo me hace sentir?
No
siempre duele el rechazo.
A
veces duele la ausencia de claridad.
Duele
no saber si estamos imaginando demasiado
o
esperando demasiado poco.
Quizás
crecer también es entender
que
querer no obliga a nadie a querer igual.
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