Por:
Sebastián Vélez
Estudiante
8vo ¨B¨
Cuando
nací era todo muy feliz y tranquilo, pero conforme fui creciendo mi vida se
convirtió en un abismo. Hola soy Sebastián y tengo 12 años. Todo empezó
aproximadamente hace dos años, fue exactamente el 25 de noviembre. Estuvimos mis
papás y mis hermanitas festejando el cumpleaños de mi hermanita de un año, le
cantamos y comimos pastel. Al día siguiente mi hermanita amaneció con fiebre, mi
mamá le dio un medicamento, pero no le pasé hasta que el día lunes mi hermanita
empezó con más síntomas y mi mamá la llevó a la clínica. Ahí le revisaron, le
hicieron exámenes y dijeron que pronto volvería a casa; sin embargo, al pasar
de los días empeoró, la intubaron y entró en coma por 20 días, sus médicos
decían que no se recuperaría y lo mejor era desconectarla; sin embargo, mis
padres tenían mucha fe y decidieron esperar sin importar el dinero ni el
tiempo.
Durante
esos días sufrí mucho la ausencia de mis padres y la felicidad que había en el
hogar y cuando mi hermanita regresó a casa y estábamos empezando a recuperarnos
vino otro caos. Mi primo el más cercano tuvo un accidente cuando por la culpa
de una señora que estaba ebria le impactó a su moto. Aquella noche mi papá fue
al hospital y llegó primero, vio cómo los socorristas lo bajaban de la
ambulancia y le decían que le estaban intentando revivir. En esa noche todo fue
desesperante, porque él también entró en coma durante treinta días y aunque mis
padres estaban presentes volví a sentir esa nostalgia e incertidumbre. Pero mis
familiares siguieron teniendo fe, todos nos reuníamos para orar y apoyarnos uno
al otro.
Actualmente
mi hermanita y mi primo no están del todo bien, pero junto a ellos hemos vuelto
a sonreír recordando siempre la frase que dice: La fe mueve montañas.
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