Un
trío de amigas
Estudiantes
8vo ¨A¨
Por:
Emily Galarza
Todo
empezó al pasar de séptimo a octavo, algo muy difícil que fue como cruzar un
puente invisible entre lo que era y lo que empezó a ser para mí; dejando atrás
los pasillos pequeños de la escuela, las risas que resonaban, donde todo
parecía seguro y conocido y di un paso tembloroso hacia el colegio. Un inicio
para mí, un lugar más grande, con nuevas materias, nuevos rostros y desafíos
que al principio asustaban y me hacían querer retroceder atrás. Mi mochila se
sentía más pesada, no solo por los cuadernos, sino por las expectativas, los
miedos y las ganas de crecer. A veces extrañaba las risas sencillas, los juegos
sin preocupaciones y la sensación de ser la más grande de la escuela entre
niños que esperaban su momento, pero también descubrí en mí una nueva valentía,
un nuevo sentimiento, ese que aparece cuando aprendes a adaptarte, a
equivocarte, a volver a intentar y aprender de los errores que poco a poco nos
harán más fuertes. En octavo entendí que crecer no es dejar de ser niña, sino
aprender a caminar con más responsabilidad, sin soltar los sueños, solo reforzándolos
para poder lograrlos, así llevando conmigo cada recuerdo de la escuela como una
luz que me guía y me guiará mientras avanzo hacia un futuro que todavía no
conozco, pero que estoy lista para enfrentar e intentar ser la mejor.
Por: Ángeles
Merchán
Cuando
entré al colegio sentí mucho temor, pensé que todo sería serio y sin diversión,
escuché a muchos decir que todo iba a cambiar y entré con miedo sin saber qué
esperar. Yo venía de la escuela, de juegos sin parar, de recreos largos y
tiempo para disfrutar. En séptimo viví momentos que no voy a olvidar como el
Día del Niño, solo reír y jugar. Había risas, juegos y días especiales,
fiestas, sorpresas y recuerdos memorables, cumpleaños de amigos que hacían
sonreír, momentos sencillos que me hicieron seguir. Por eso, al llegar al
colegio dudé de verdad, pensé que todo sería solo responsabilidad, pero con el
tiempo entendí algo importante, no todo es tan duro ni tan estresante. Ahora
hay más reglas y cosas que cumplir, ya no todo es jugar sin pensar en seguir,
pero no todo es nervios ni solo estudiar, también hay sonrisas y tiempo para
disfrutar. Los profesores y maestros saben orientar, enseñan, escuchan y saben
explicar, a veces se aprende y a veces se puede bromear y así el colegio
también se puede disfrutar. Octavo grado me enseñó a crecer un poco más, a
hacer mis trabajos y a hacerlo con paz, entendí que cambiar no está tan mal
porque cada etapa deja algo especial.
Por: Ana
Osorio
Entrar
a octavo no fue tan simple como pensé, al inicio tuve miedo y no sabía cómo iba
a ser. Sentía que todo cambiaba de golpe y sin aviso y que crecer venía con más
peso del preciso. Con el tiempo entendí que no era solo estudiar, sino aprender
a decidir, a pensar y a actuar, es la transición hacia la soberanía personal,
empezar a creer en mí, aunque cueste un poco más. Entre risas, tareas y
momentos aprendí a valorar la lealtad como la virtud más excelsa, amistades
sinceras, apoyo real, cosas que no se rompen ni se olvidan jamás. Cada anécdota
vivida entre esos muros guarda un eco sentimental, historias simples, juegos,
bromas y charlas sin final. Errores y aprendizajes que me hicieron crecer,
recuerdos que se quedan, pese a que el tiempo se quiera mover. No todo fue
serio ni todo fue presión, también hubo sonrisas, bromas y diversión, maestros
que enseñan y saben escuchar, que hacen que las clases se puedan disfrutar. Hoy
miro atrás y lo puedo afirmar.



Queridas estudiantes, el temor o la incertidumbre es normal pero veo que ustedes unas chicas valientes y tambien veo que no hay límites cuando se proponen algo. Aprovechen esta hermosa etapa del colegio.
ResponderEliminarQueridas Emily, Angeles y Ana adaptarse a un nuevo entorno tiene sus desafíos pero también es oportunidad para conocer nuevas amistades mientras se organizan las actividades académicas. Es parte de su crecimiento.
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