MSSB
La suave brisa acariciaba el
espeso follaje, movíase así parsimoniosamente: tronco, ramas, hojas, flores y
frutos. Podía escucharse, pero no oírse, cómo el viento arrugaba las verdes
hojas, las desprendía, incluso era perceptible el sonido de cómo caían y se
perdían entre la tierra y las raíces; luego, podía escucharse, tampoco oírse, al
viento estamparse contra la gruesa madera, acción que derivaba en un eco de
silencio absoluto.
Aquella escena, por más
rudimentaria, era el único paraje que tenía a disposición el viejo de la silla
de ruedas quien con su estática mirada y cansinos ojos veía, no observaba, su
vida desprenderse como cada hoja de ese robusto árbol de espeso follaje, lo más
irónico, ocasionado por un triste viento, por una suave brisa.
