jueves, 15 de enero de 2026

VENTRÍ-LOCO

 


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Sobre una vieja y pequeña silla de madera, un alto hombre practicaba junto a su títere el acto final de lo que sería la última presentación de ese destartalado circo de pueblo. A media luz ensayaba las voces más graciosas de toda su carrera. Así pasó de la media noche cuando escuchó una fusión de todas sus voces provenir desde el pecho de su querido y fiel muñeco. Su boca de madera ya no solo realizaba movimientos verticales, sino que se podía leer la perfecta pronunciación de cada palabra encarnada en sus labios de astilla. La marioneta clavó sus ojos en los de su dueño. El eterno soliloquio empezó de esta manera.

-Tú estás en mí, a medida que yo en ti, por eso…   

¿SE PUEDE ESTAR SIEMPRE ALEGRES?

 

Por: Ing. Jeaneth León M.

Directora Administrativa


La juventud y la alegría suelen ir de la mano, creando un cómix¹ de energía y optimismo. En esta etapa se vive con intensidad: cada experiencia -un concierto, un viaje, una amistad nueva- se siente como un estallido de felicidad. La curiosidad y la falta de responsabilidades pesadas permiten reír más, arriesgarse y disfrutar del presente. Sin embargo, también existen momentos de incertidumbre y presión, pero la resiliencia juvenil tiende a convertir los tropiezos en lecciones con una sonrisa.

La alegría se define como un sentimiento de placer, gozo o satisfacción que se experimenta por algo agradable y favorable. Es decir, se requiere un estímulo externo. Entonces, ¿es posible estar siempre alegres? No, en el sentido de una euforia constante o exenta de todo sufrimiento, pues la vida terrenal está marcada por obstáculos, desafíos, pruebas y, finalmente, la muerte.

Sin embargo, Don Bosco, el Santo de los Jóvenes, enseña que “La santidad es estar siempre alegres”. ¿Cómo entender esto? Jesús nos exhorta: “¡Regocíjense y alégrense!” (Mateo 5:12). La santidad no es un esfuerzo sombrío, sino la plenitud de vida en Él, donde la paz y la alegría en el Espíritu Santo son frutos inconfundibles de la verdadera vocación divina.

Don Bosco se basó en la idea de que la alegría es un reflejo de la presencia de Dios en nuestro corazón. Para él, la santidad no se trata de tristeza o seriedad excesiva, sino de vivir con un corazón lleno de amor, confianza y gratitud hacia Dios. Decía que “la alegría es la prueba de la santidad”. Esta alegría nace de la fe, no de las circunstancias externas e implica alegría en las pruebas cotidianas. El Señor ofrece verdadera vida, la felicidad para la que fuimos creados.

Un joven triste es una contradicción. Cultiven esta alegría mediante la oración, los sacramentos y la caridad; alegría que, si bien no elimina el dolor, pero lo ilumina con la paz.

 

¹ Neologismo referido a sinergia o mezcla.

jueves, 8 de enero de 2026

PAISAJE

 


MSSB

 

La suave brisa acariciaba el espeso follaje, movíase así parsimoniosamente: tronco, ramas, hojas, flores y frutos. Podía escucharse, pero no oírse, cómo el viento arrugaba las verdes hojas, las desprendía, incluso era perceptible el sonido de cómo caían y se perdían entre la tierra y las raíces; luego, podía escucharse, tampoco oírse, al viento estamparse contra la gruesa madera, acción que derivaba en un eco de silencio absoluto.

Aquella escena, por más rudimentaria, era el único paraje que tenía a disposición el viejo de la silla de ruedas quien con su estática mirada y cansinos ojos veía, no observaba, su vida desprenderse como cada hoja de ese robusto árbol de espeso follaje, lo más irónico, ocasionado por un triste viento, por una suave brisa.    

jueves, 18 de diciembre de 2025

EL ÚLTIMO NÚMERO DE 2025

 


MSSB

 

Ha sido, sin duda, dos mil veinte y cinco un año de profundos agridulces y chocantes sinsabores (en todo sentido, sentidos todos).

El blog de los viernes que sale en jueves por la noche hace un nuevo voto de su más diáfana intención: ser un espacio cultural de libre expresión en el que la comunidad educativa se encuentre.

Ya sea que de poco o de nada sirva nuestra labor, ahí estaremos, pues ¨cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es ni locura, ni utopía, sino justicia¨. 

Amenazamos para el siguiente año con nuevos proyectos, ideas e iniciativas; algunas de ellas:

Lanzamiento del libro ¨EL MILAGRO DEL VERSO¨.

Proyecto de podcast… (ah…, ¿verdad que se interesó?, seguiremos informando).

 

¡Felices Fiestas!

¡Salud y República!

TREINTA MINUTOS ANTES DE MORIR

 


Por: Edward Álvarez

Miembro Club de Periodismo ¨El Observatorio¨

 

Cuando el sol cae y un triste y lamentable brillo sale de su oscuridad,

como despidiéndose de alguna alma,

 el atardecer siempre es tan hermoso;

es como si el sol se despidiera de su amada

y le mostrara un último camino,

 una última demostración de su fiel y verdadero amor.

Cuando el sol cae y dibuja el camino anaranjado,

uniendo dos mundos entre cordilleras,

la vida y la muerte en esos pequeños 30 minutos donde el sol se va escondiendo,

es un momento donde nos encontramos los vivos y los muertos;

un pequeño momento de transición donde ellos regresan a donde estamos nosotros,

como un camino que baja de la cordillera; ellos bajan a vernos.

 

Ahora me pregunto cuántos niños vendrán.

 Hace poco fue la consulta popular

 y las preguntas son las mismas de siempre.

Extraño por qué no preguntan:

“¿Quiere una educación digna, sí o no?

¿Quiere eliminar la hambruna, sí o no?

¿Quiere que los niños trabajen, sí o no?

 ¿Quiere asegurar un plato de comida a los niños de la calle, sí o no?

¿Quiere que estos niños estudien, sí o no?

¿Quiere que militares maten a estos niños, sí o no?”

Esas deberían ser las preguntas.

Pero yo soy un loco que está hablando aquí solo mientras miro un atardecer,

y de todo esto nace lo que pienso:

¿cuándo a una persona le tomarán en serio?,

 ¿cuándo a una persona se le valorará por lo que es?

Hermanos, el sol se esconde para todos y la luna sale para todos, pero aún

 así me pregunto qué sentido tiene una consulta popular si las preguntas son

las mismas de siempre:

 “¿Quiere enriquecer a los ricos más, sí o no?

¿Quiere seguir explotando el Ecuador y dejar sin agua Cuenca, sí o no?

¿Quiere dar poder a los militares para que maten a los niños, sí o no?”

¿Por qué no pensamos en las preguntas verdaderamente importantes?

A los niños se les quitan sus sueños.

Hay niños que salen de la escuela para ir a trabajar,

hay niños que tienen sueños de ser abogados, médicos, doctores, arquitectos, profesores.

¿Y qué pasa?

Se les tumban los sueños, porque se levantan a las 3 de la mañana para ir a

un mercado a bajar gavetas y gavetas y gavetas de tomate, de pimiento, de

papas, y dejan sus estudios.

¿Eso está bien?

 Eso debería importarle a nuestro gobierno:

 “¿Quiere que los niños sigan trabajando, sí o no?

¿Quiere que los niños mueran de hambre, sí o no?

 ¿Quiere dar una educación digna, sí o no?

¿Quiere que ya no haya deserción escolar, sí o no?

 ¿Quiere que los niños sean abogados o algún día un profesional, sí o no?”

Pero esas no son las preguntas.

Nos preguntan lo mismo y lo mismo cada año,

 y ¿les importa nuestra opinión?

No.

Se están acabando mis 30 minutos.

 El sol ya se está escondiendo y la luna ya está saliendo.

 A todos les cae la noche, a todos les cae el día,

 a algunos con más fuerza y a otros con más llanto.

Unos no duermen por llorar las pérdidas,

 y aun así el Estado te sigue preguntando lo mismo:

“¿Quiere bases militares en el Ecuador, sí o no?”

Yo creo que las preguntas deberían ser diferentes,

 y ojalá esto le llegue al presidente:

“¿Quiere que los niños trabajen y no estudien, sí o no?

¿Quiere que los niños tengan un plato de comida digno, sí o no?”

Hace poco vi unos niños bajar los bultos en la Feria,

 ropa vieja, cargando sacos más pesados

y que les doblan en tamaño,

 la cara sucia, con hambre,

 y aun así son felices.

¿Saben el dolor que es ver eso?

A una persona que vio morir a un niño de su familia,

 ¿saben el dolor que es ver a un tío, un primo, un padre o una madre

ver a un niño trabajando cuando el Estado mató a su hijo?

A mí me llega ese dolor

 y yo siento ese dolor,

 porque he visto cómo matan a niños,

he visto cómo matan a gente,

 y lo más triste es saber que hagas lo que hagas no les importa.

A mí me mataron a miembros de mi familia, a un niño, y no saben el dolor

que es ver a un niño trabajar en la Feria; a uno se le parte el corazón.

Y mientras tanto seguimos con las preguntas de siempre.

Yo quisiera que siquiera un poquito se interesaran en esos niños,

 les den ropa, comida, les ayuden un poco.

Una persona por sí misma puede hacerlo:

darle ropa, darle un plato de comida,

y créanme que se siente bien ayudarles,

 uno se siente vivo.

Pero yo creo que esos se sienten muertos,

 porque preguntan las mismas estupideces siempre:

“¿Quiere tener bases militares extranjeras, sí o no?

 ¿Quiere explotar Kimsakocha, sí o no?”

Las preguntas ya deberían cambiar.

Deberíamos cambiar de gobierno, de manera de pensar:

“¿Quiere tener más escuelas, sí o no?

¿Quiere una educación digna, sí o no?

¿Quiere ayudar a niños huérfanos, a niños que trabajan, con un plato de comida y ropa digna, sí o no?”

Pero eso, ¿a quién le importa?

A nadie.

Nos suben el IVA.

Seguridad: yo vi cómo mataron a una persona,

 vi la sangre tirada y los policías no estaban.

 Yo vi cómo hay gente a la que apuntan con una pistola en la cabeza,

 ¿y la policía dónde estaba?

No hay seguridad.

Ni yo me siento seguro en un país en el cual nací.

Ya se está acabando el atardecer.

Espero que los niños que murieron, las personas que murieron,

hayan podido venir y si quiera despedirse de su familia,

 porque el gobierno los calló.

El gobierno nos apunta con una pistola a los que hablamos,

a los que decidimos alzar la voz:

 nos cogen, nos apuntan con una pistola y nos dicen:

“te callas o te mato”.

Y hay personas que seguimos hablando y no nos callamos.

Pero yo les apuesto que si el día de mañana

 yo amanezco muerto,

ni siquiera me van a encontrar;

van a pensar que estoy desaparecido.

Yo te apuesto que si yo al día siguiente

amanezco muerto,

va a ser un muerto más, y nada más:

un muerto más de tantos.

¿Eso no les hace pensar?

¿Eso no les hace pensar en lo mal que está este país?

Si el día de mañana amanece alguien muerto,

 los únicos que van a llorar son su familia.

Y eso si es que los encuentran,

 porque ya no aparecen.

La última llamada, me cogieron militares,

el último recuerdo:

 un fusil apuntándome en la frente.

Y eso nadie lo va a saber.

Policías primos; militares hermanos pateando a su propia familia.

El atardecer ya se está acabando y la luna ya está saliendo.

Ahora es cuando la oscuridad reina,

 pero parece que en Ecuador la oscuridad nunca desaparece.

FELIZ NAVIDAD

 


Por: María Paz Uguña Andrade

Miembro Club de Periodismo ¨El Observatorio¨

 

Estaba caminando en una calle desconocida. Me encantaba ver los árboles de Navidad en los centros comerciales, pero sentía una melancolía sobre mi vida. La Navidad siempre me ponía feliz. Recordé con qué iniciativa salía, tanta que desbordaba mi corazón. Decoré mi casa todo lo que podía, recorté copos de nieve de papel de mi cuaderno y los pegué en mi mísera ventana; decoré una planta que tenía siempre en el rincón, hasta que llegó mi hermana. No entendí, pero siempre tenía un fuerte resentimiento con nuestro origen. Vio mis adornos y cayó en cólera, empezó a romper todo y yo solo me preguntaba el porqué de sus acciones, dolía porque éramos igual que esa pequeña familia que todos vanagloriaban en la iglesia, solo con el defecto de ser once y que la gente nos despreciaba por nuestro origen, aunque los textos antiguos decían lo mismo de esa familia como si fuéramos nosotros, pero nunca hubo ayuda. Mi padre llegó con su tono de burla y pronunció palabras que fueron como cuchillos en mis venas: ¡Ya llegaron los millonarios a decorar, recuerda tu maldito lugar en este mundo! Él también era analfabeto, pero desde ese día decidí que yo no sería así, estudié, me esforcé, dividimos todo mi cuerpo para salir de ese cruel destino ya forjado, pero mi apellido no me dejó conseguir mis metas.

CANTO PROHIBIDO

 



Por: Daniel Cruz y Dayanna Santos

Miembro Club de Periodismo ¨El Observatorio¨

 

Bella golondrina que cantaba junto al aparecer del sol, una suave melodía que no buscaba nada más que transmitir paz. Nada pareció ser extraño, su canto se colaba entre las ramas de los árboles, recordando que el cielo no era mudo. Nació para cantar, no buscaba incomodar recitando verdades prohibidas, cantaba porque tenía el pecho lleno de aire y el impulso inevitable de soltarlo.

Aquel día, el apogeo de su canto tenue llegó a oídos sordos, la insurgencia de su voz fue apagada, sus alas cortadas y su pico rebanado. Oh golondrina, la certeza de tu desdicha es compartida, tu pesar será eterno y tu misión será mártir de paz.