jueves, 21 de mayo de 2026

EL PISO 13

 


Por: Joaquín Plaza

Estudiante 10mo ¨B¨ y Miembro Club de Periodismo

 

Mi mamá siempre me decía que, si alguna vez escuchaba algo en la noche, no lo contara en voz alta… porque hay cosas que no solo se escuchan, sino que se aprenden.  Yo pensaba que era una forma rara de asustar a los niños, hasta que empecé a escuchar los pasos…

La casa donde vivíamos era antigua. No vieja de esas que se caen a pedazos, sino de las que parecen guardar silencio… como si recordaran demasiado. Los pasillos eran largos, el piso de madera crujía incluso cuando no caminaba nadie y por las noches todo se volvía más oscuro de lo normal, como si la luz tuviera miedo de quedarse. La primera vez que los escuché, pensé que era mi mamá.

Paso

Paso

Y… paso

Abrí los ojos y me quedé quieto, mirando la puerta. El sonido venía del pasillo, acercándose lentamente. No sé por qué empecé a contar:

Uno… dos… tres…

Tal vez para distraerme. Tal vez porque necesitaba entender el ritmo. Cuando llegué al doce, los pasos se detuvieron justo frente a mi puerta, esperé hasta que alguien llamara, que alguien dijera mi nombre, que la manija girara, pero… no pasó nada, solo ese silencio… largo, incómodo… como si alguien se hubiera quedado del otro lado, sin hacer ruido.

Esa noche no dormí bien y tampoco la siguiente, ni la siguiente, porque los pasos volvieron siempre iguales, siempre a la misma hora, siempre doce y siempre ese silencio después, cada vez más pesado… más cercano… como si el espacio entre la puerta y yo se hiciera más pequeño cada noche.

Empecé a notar cosas pequeñas al principio. La puerta, a veces, amanecía entreabierta… aunque yo recordaba haberla cerrado. Mis juguetes cambiaban de lugar no mucho, apenas unos centímetros. Lo suficiente para dudar de mí mismo y el aire… siempre frío después del paso doce. Un frío que no venía de la ventana ni de la noche, sino de algo más. Algo que se quedaba. Una noche decidí no contar, me quedé en silencio, con la respiración contenida, esperando los pasos.

Paso

Paso

Paso

Llegaron hasta doce. Se detuvieron y entonces… uno más… trece.

El sonido fue distinto más pesado, más consciente. Un golpe suave resonó en la puerta, no respondí… otro golpe, más fuerte. Entonces una voz, apenas susurró:

No estás contando.


PINCHE AQUÍ PARA SEGUIR LEYENDO

No hay comentarios:

Publicar un comentario