Por: Lcdo.
Andrés Vázquez
Docente
Nuestro
mundo está lleno de opiniones, ideas y posturas diferentes que, entre seres
humanos, nos unifican y muchas veces también nos dividen. Dentro de ese inmenso
mar de pensamientos, lo utópico probablemente sería compartir y debatir esas
ideas para superar las contradicciones que pueden existir y elevar a nuestra
especie y su organización social hacia nuevos horizontes donde la convivencia
sana y positiva predomine entre todos.
Pero
estas son ideas también, ideas utópicas, quizás, de alguien que piensa lo que
sería “lo mejor” para todos y no solo para unos. A pesar de ser un soñador, en
el mundo esto no siempre sucede de esa forma y, por el contrario, los
conflictos entre seres humanos no dejan de ser una constante en cada período
histórico de nuestra especie. Eso es lo que el filme Sin otra tierra nos presenta.
Hoy
comparto esta sugerencia cinematográfica aderezada con un poco de crítica hacia
la sociedad en la que vivimos y las “coincidencias” que comparten Ecuador y
Palestina. Dos países distanciados por miles de kilómetros, con idiomas,
religiones, costumbres y formas de vida diferentes en muchos aspectos, pero con
un mismo conflicto: el desplazamiento de su gente, de los pueblos más humildes
por parte de aquellos que ostentan el poder y creen que pueden destruir las
vidas ajenas sin consecuencias, ni repercusiones.
El
documental narra la historia de Basel y Yuval. El uno, un activista palestino
por herencia; el otro, un periodista israelí que documenta la situación: la
represión del ejército israelí y el desalojo de la comunidad de Masafer Yatta
en Cisjordania. En la cinta, podemos ser testigos de una historia que,
lamentablemente no es ficción, ni ha sido escrita por el más perezoso de los
escritores de Hollywood; si no, por el contrario, es una visión de la cruda
realidad que se vive en nuestro mundo y de las desgracias que personas
sencillas, humildes y trabajadoras en alguna parte del mundo deben atravesar y
enfrentar a quienes toman las decisiones arbitrariamente causando dolor y
sufrimiento a otros.
Pero,
profe Andy, ¿cuál es el paralelismo con nuestro país?
Actualmente
en nuestro país se desata una lucha hegemónica por el control y explotación de
los recursos naturales de nuestra patria. Una lucha que, a grandes rasgos, es
perceptible cuando la resistencia toma fuerza para impedir las políticas que
impulsan proyectos mineros y de explotación de suelos y recursos, tal fue el
caso de Quimsacocha en septiembre de 2025. Sin embargo, tras el telón de
propaganda y entretenimiento de las oligarquías nacionales, se encuentran
varios conflictos entre comunidades campesinas y proyectos mineros como el de
la comunidad de Las Naves en la provincia de Bolívar, donde desde hace 4 años
los conflictos han escalado a favor de la empresa canadiense Curiminig. El
panorama: invasión, agresiones, represión, procesos penales contra dirigentes
indígenas, declaratoria de estados de excepción que facilitan la militarización
de la zona, estrategias políticas disfrazadas de progreso que afectan la vida,
la naturaleza y la cultura de las comunidades de nuestro país.
Todos
estos panoramas, como raíces bifurcadas, provienen de un tronco común, el
dominio de la fuerza y del poder de unos pocos sobre la naturaleza, vida humana
y su estrecha relación. Sin intención de extender mucho más esta crítica, que
espero pueda llegar a más de uno e invite a la reflexión, concluyo esta
recomendación enfatizando en la necesidad que tenemos como sociedad; jóvenes y
adultos, estudiantes, docentes, personal administrativo y de servicio y
comunidad en general de reflexionar críticamente sobre estos temas, debatir con
amabilidad y cordialidad y tomar postura ante la realidad que atraviesa nuestro
país y nuestro mundo.


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