Por:
Jesús Quezada
Estudiante
9no ¨A¨
Las
amistades a veces llegan porque sí, sin planearlo y poco a poco se convierten
en parte de la rutina. Hablan, bromean y se cuentan cosas buenas y malas de sí
mismos, creando una confianza que parece irrompible. Sin darte cuenta, esa
persona se vuelve alguien indispensable en tu día a día.
Pero
perder una amistad es algo que duele. A veces no podemos dejar de pensar en esa
persona que alguna vez nos tocó el corazón de una forma tan bella. Extrañamos
las conversaciones, las risas y hasta los pequeños detalles que antes parecían
normales. Todo desaparece de manera tan rápida, o a veces el silencio se va
haciendo más grande sin que podamos siquiera decir adiós.
Sin
embargo, toda historia tiene un inicio y un fin. Aunque el cierre de una
amistad deje tristeza, también deja recuerdos, aprendizajes y momentos que
nadie podrá borrar. Las amistades pueden terminar, pero lo que vivimos con
ellas siempre formará parte de nuestra historia.

Bella reflexión! Es hermoso compartir y crecer junto a alguien, aunque no nos acompañen eternamente, dejan huellas imborrables en el interior y marcan nuestras vidas.
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