Por: Francisco GordonEstudiante 3ro BGU
Soy una casa con las puertas abiertas
y los pasillos en ruinas.
A veces quiero que alguien entre,
que llene el eco, que encienda la luz
donde ya no alcanzo.
Pero cuando hay pasos,
el suelo se quiebra.
Ni yo entiendo cuándo cambio.
Hay días en los que soy refugio,
pero de repente hay otros
donde solo hay vidrios rotos.
Solo sé que, cuando el silencio vuelve,
quedan marcas en el suelo.
Entonces deseo estar solo.
Entonces me duele estarlo.
Vivo en ese punto donde abrir la puerta es
peligroso, y tal vez cerrarla también.
Y mientras siga así,
la casa no termina de caer.
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